Demodé Ediciones | Fuckup Friday – Relaciones de empresa
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Fuckup Friday – Relaciones de empresa

Nosotras montamos un negocio para trabajar a gusto. Para tener otro estilo de vida. Para disfrutar del trabajo que nos gusta en un ambiente más distendido. Para cambiar las reglas del juego del sector y del mundo e iniciar una revolución.

Queríamos cambiarlo todo porque estábamos seguras (y lo seguimos estando, ojo) de que las cosas se pueden hacer de otra manera y de que todo el mundo puede estar más cómodo y trabajar mejor sin necesidad de mantener la estructura tradicional de las empresas.

Hasta ahí todo bien.

Lo que nuestro cerebro abrazaárboles no entendía en ese momento es que las reglas están para algo. Y que las reglas pueden ser tus mejores amigas incluso en un negocio totalmente “alternativo”.

Así que cuando empezamos a trabajar en nuestra primera colaboración, no nos sentamos a poner por escrito lo que todo el mundo esperaba. No marcamos unas fechas precisas. No dejamos claro lo que necesitábamos nosotras ni nuestro colaborador dejó claro lo que necesitaba él. Hubo muchísimas charlas, horas y horas de cafés, risas y sueños en voz alta. Muchísimo buen rollo. Imaginamos todo lo que podíamos llegar a hacer, tuvimos ideas de bombero y pensamos que todo era posible porque estábamos haciendo lo que queríamos como queríamos.

Famous last words.

Cuando llegó el momento de cerrar el proyecto, empezaron los problemas. Como nadie tenía claro qué era lo que esperaba el otro ni lo que le podía exigir, los reproches volaron desde el minuto cero. Cada uno mencionaba algo de lo que habíamos dicho en esas sesiones de lluvia de ideas como si fuera un compromiso firmado con sangre. Hubo muchas quejas, muchas puñaladas y millones de malos rollos.

Fue un momento tenso en el que casi nos olvidamos de todo el negocio, porque no nos podíamos creer lo que nos estaba pasando, ni que un proyecto tan impresionante se estuviese viniendo abajo de esa manera. Estuvimos a punto de cerrar y de seguir con nuestra vida en la empresa tradicional. Porque no entendíamos cómo se trabaja con colaboradores y con clientes.

Así que déjame que te cuente todo lo que hicimos mal, porque tiene tela.

La gente con la que trabajas no es tu amiga.

O por lo menos no es tu amiga mientras trabajáis. No es que quiera ser borde, es que todos tenemos necesidades y expectativas diferentes. Y es importante que todos sepáis los que esperáis y lo que esperan los demás. Es importante que todos sepamos cuál es nuestro papel en el trabajo que hacemos y que nos comprometamos con él. Porque todos dependemos de lo que hacen los demás.

A nosotras nos iba eso de “vamos a tomarnos algo”, “no pasa nada”, “tranquilo, que esto lo solucionamos luego”, “no te agobies”. Queríamos dar una impresión relajada de “no se acaba el mundo”. Pero el mundo casi se nos termina. Porque esperamos que el otro hiciera lo que queríamos que hiciera sin darle más pistas. Y queríamos que todo fueran risas y mojitos y qué bien nos llevamos.

No quedó claro nada. Nosotras esperábamos algo y nuestro colaborador otra cosa. Incluso nosotras dos discrepábamos en lo que esperábamos y en la idea que teníamos del trabajo que había que hacer. Cuando empezamos a entender que había sido un error grave no haberlo comentado con más detalle, ya era demasiado tarde para salvar la situación. Nuestro colaborador no confiaba en nosotras y nosotras tampoco en él.

Poderoso caballero.

El tema del dinero tiene que quedar claro. Porque a nadie le importa y nadie hace nada por dinero hasta que no tiene un duro y tiene la sensación de estar trabajando gratis.

Deja claro si vas a pagar o no, cómo vas a vender las cosas, cómo se van a repartir los beneficios o los ingresos. Habla de dinero aunque te cueste, porque es algo que tiene que quedar súper claro. Haz números, esquemas. Repasa los datos. Da toda la información que puedas. Sé transparente. Es mejor que algo no salga adelante porque la otra persona no está de acuerdo con lo que le ofreces que no hablar del tema y que después te explote en los morros.

Nosotras no fuimos muy precisas con estos datos. Nos daba miedo que la colaboración se desmontase porque estábamos seguras de que no iba a haber mucho dinero, al menos al principio. Y preferimos no dar muchos detalles. Así nos fue. Cuando por fin empezamos a vender el producto, el mal ya estaba hecho. El colaborador esperaba cobrar mucho, nosotras esperábamos recuperar todo el dinero que habíamos puesto y ya te puedes imaginar cómo acabó la cosa.

La unión hace la fuerza.

Si hay varios implicados en una decisión, hay que consultarlo con todo el mundo. Que todos digan lo que piensan y que las cosas se discutan en conjunto. Particularmente si hay más de dos personas. Cuando se prometen cosas en petit comité el resultado siempre es un desastre.

Nosotros éramos tres. Nuestro colaborador hablaba una vez con Ari y otra conmigo. Comentábamos, decidíamos y discutíamos, pero solo de dos en dos. Así que lo que más oímos durante los meses interminables de producción fue “pero tú me dijiste…”, “pero ella y yo acordamos…”, “pero, ¿no habías dicho…?”.

Reproches y más reproches, incluso entre Ari y yo, cuando no teníamos la misma postura y habíamos estado dándole feedback contradictorio al colaborador.

En boca cerrada no entran moscas.

Esto a mí me cuesta particularmente. Pero no hay que hablar de lo que no sabes. No hay que hablar de lo que te gustaría, pero no sabes si va a ser posible. Ni siquiera hay que hablar de lo que sí es probable que sea posible. Solo hay que comentar lo que es cierto, lo que ya está en marcha, lo que ya funciona.

En este primer proyecto hablamos mucho. Tuvimos un montón de ideas y algunas fueron de bombero. Pero las comentamos en voz alta y las desarrollamos y les dimos mil vueltas.

A la hora de la verdad nuestro colaborador esperaba que todas esas ideas se convirtieran en realidad. Y muchas de ellas eran totalmente irrealizables. Eran cosas que habíamos comentado pensando en una situación ideal. Cosas que deseábamos hacer, pero a las que no podíamos enfrentarnos por presupuesto y por tamaño de la empresa. Y fue culpa nuestra.

Porque al final conseguimos hacer algunas de esas cosas, pero para nuestro colaborador fueron poca cosa. Habíamos puesto tantas posibilidades encima de la mesa que quedarnos con solo algunas de ellas le pareció poco. Por eso mejor no generar grandes expectativas y sorprender porque las superas, que generar demasiadas y no estar a la altura.

En resumen…

Aunque pueda parecer contradictorio, unas buenas reglas o un buen documento en el que se detalle todo lo que se espera y a todo lo que nos comprometemos es la mejor manera de llevarnos bien en el trabajo. Pon fechas, especifica, habla de cada punto con todo el detalle posible, especialmente del dinero. Que no te dé vergüenza y no te dé miedo.

Sí, puede ser que algún proyecto se desinfle porque las expectativas de todos los participantes no coinciden… pero mejor eso que acabar quemado, cabreado y con ganas de cerrar el chiringuito.

Nada te impide irte a tomar un copazo con tus colaboradores o tus compañeros cuando el proyecto se ha terminado o fuera de las horas de trabajo, pero mientras trabajes, trabaja. No caigas en el error de pensar que porque hay buen rollo y buen ambiente todo va a salir perfecto. Si te has comprometido a algo, hazlo.

Para nosotras fue un bajón mayúsculo, pero, visto en retrospectiva, no estuvo mal que nos pasase precisamente con el primer proyecto. Nos ayudó a entender mucho mejor qué era lo que queríamos y dónde habíamos fallado. Fue una de esas patadas en el culo que te hacen reaccionar.

Lo hicimos todo mal y fastidiamos la relación con un colaborador con el que nos llevábamos bien. Fue culpa nuestra. Pero aprendimos muchísimo de cómo se tiene que trabajar y del tipo de dinámicas que se generan cuando hay personas externas involucradas. Entendimos que siempre es mejor escribirlo todo y repasarlo a menudo, porque es probable que las cosas se te olviden o que cambies de opinión. Y comprendimos que, aunque en un proyecto trabajen varias personas, puede que no todas ellas tengan el mismo objetivo en mente. Y eso no está mal.

Como siempre te digo, no la cagues en esto, cágala en otra cosa y cuéntanoslo. ¿Tienes experiencias similares?

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