Demodé Ediciones | Supera el bloqueo del escritor
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Supera el bloqueo del escritor

Hoy vengo a que me caigan collejas. Porque voy a defender algo en lo que creo muy sinceramente: el bloqueo del escritor no existe.

Sé que es una opinión controvertida, pero, eh, dame un pelín de margen y déjame contarte cómo lo veo yo. Que no te lo digo por decir.

Llevo mucho tiempo ganándome la vida con el cerebro. Que dicho así suena un poco grandilocuente, pero no. Significa únicamente que no hago nada manual y que mi instrumento de trabajo son mis neuronas. Y las neuronas son como cualquier otra herramienta. De vez en cuando tienen un mal día, no atinan y meten la pata. Necesitan que las reinicie. Pero luego siguen funcionando como si tal cosa.

Para un escritor (y me da igual que escriba un blog, un libro o un correo, ya lo sabes), todo se reduce a eso. A que las neuronas hagan su trabajo. No hay inspiración divina, ni musas, ni genio. Hay neuronas, hay sudor y hay rutina.

Sí, es cierto que a veces nos sentamos a escribir y “no nos sale”. Y si se convierte en costumbre, estamos tentados a echarle la culpa a ese ente fantasma llamado “bloqueo del escritor”. Porque así no es responsabilidad nuestra. Es una enfermedad que se transmite por el aire y nos ha pillado sin que podamos hacer nada por evitarlo.

La realidad es otra. Puede que estés realmente bloqueado y te cueste sentarte a escribir, pero no es por ningún motivo externo. Todo se reduce a una de estas cosas:

Te da pereza

Y antes de que me digas que no, que eso es imposible, que eso no es verdad, hazme el favor de pensarlo otra vez.

No te puedes imaginar la cantidad de veces que me da pereza pensar. Tengo una traducción difícil o tengo que repasar una tesina, o a lo mejor tengo que contestar algunos correos complicados y de repente me bloqueo. Pero no porque no esté inspirada, sino porque no tengo ganas de hacerlo. Porque me imagino que va a ser una tarea titánica (que, a la hora de la verdad, me lleva apenas unos minutos), porque me da mucho palo.

Muchísimas veces el bloqueo no es tal. El bloqueo es cansancio, pereza y ganas de hacer otra cosa.

Tienes miedo

A no ser bueno de verdad. A que no te salga. A fracasar. A no llegar a escribir la obra maestra con la que sueñas. A ponerlo a la venta y que no sirva para nada. A que nadie te conteste. A que te contesten millones de personas para decirles que no les gusta.

El miedo es una fuerza muy poderosa que no solemos tener en cuenta, porque nos parece que como adultos no lo tenemos. Pero es un mecanismo que ha hecho que los animales en general vivamos miles de años. A tu cerebro le cuesta salir de lo que conoce y dar un salto de fe. Así que te bloquea para que no hagas cosas que no puede controlar.

No tienes rutina

¿Sabes ese día que decides que vas a correr maratones y sales con tu chándal y tu cinta en la cabeza dispuesto a comerte el mundo para volver a casa a los tres minutos con el tobillo torcido, sin aliento y sudado como si hubieras cruzado el desierto del Kalahari a pie? Pues cuando vas a escribir pasa lo mismo.

Si no estás acostumbrado a hacerlo, te va a costar. Si has dejado de escribir un tiempo, no vas a poder recuperar el hábito como si no hubiesen pasado esos tres meses de mirar Netflix durante todos tus ratos muertos en lugar de coger un boli o el portátil y ponerte a trabajar.

No has pensado antes

Voy a dedicar un capítulo de podcast a hablar de la visión romántica que tenemos de los escritores, porque creo que nos ha hecho muchísimo daño a todos. Y es que creemos en lo que vemos en las pelis: en el escritor genial que se sienta ante la máquina de escribir con un vaso de whisky en una mano y un cigarrillo en la otra y produce obras maestras sin parar.

La realidad es que escribir es un trabajo como cualquier otro. Tienes que concentrarte y tienes que planificar. Tienes que saber lo que vas a escribir y por qué. Tienes que tener claro lo que quieres conseguir. Necesitas un objetivo.

Si te sientas a escribir en frío, sin haber hecho ningún trabajo previo, lo más probable es que no escribas nada. Es aquello tan bonito de la libertad total que acaba por ahogar y bloquear a la gente creativa. Necesitamos unas premisas, unas bases, unas guías. A partir de ahí podemos crear cosas increíbles. Pero hay que hacer el trabajo previo: planificar e investigar.

Llevas muchos días forzando el cerebro

Esta es mi favorita, porque me pasa muy a menudo y he aprendido a reconocerla. Si llevas muchos días dándolo todo, leyendo, trabajando, escribiendo… en definitiva: pensando, es probable que tu cerebro te pida un descanso.

Yo lo noto siempre porque me despierto y no valgo para nada. Me cuesta concentrarme, tardo horas en hacer tareas sencillas y no doy pie con bola. A veces, si he sido particularmente mala y he estado particularmente estresada, necesito varios días de recarga.

Ya lo ves.

Bloqueos hay muchos, pero el bloqueo del escritor no existe. Ni siquiera son los padres. El bloqueo del escritor eres tú mismo.

Pero no es una mala noticia, sino todo lo contrario. Que seas tú mismo es la clave para superarlo con rapidez y eficacia. Que sí, que es posible.

  1. Busca tiempo para escribir y crea una rutina. No sé si te has descargado nuestra guía gratuita para encontrar tiempo para escribir, pero te recomiendo que lo hagas. Tienes que encontrar un rato todos los días y crearte una rutina que te sirva. Ponte siempre en el mismo sitio. Ponte música o prepárate una cerveza bien fría. Saca tu libreta favorita, la de las ideas. Y escribe. Asiduamente.

  2. Planifica. No te sientes frente a la pantalla pensando que se te va a ocurrir un tema brillante y lo vas a petar. Las cosas no funcionan así. Reserva un rato dentro de tu rutina para planificar sobre qué vas a escribir, qué temas quieres tocar y cómo quieres hacerlo. Investiga un poco para saber qué dicen otras personas y qué puedes aportar tú. Hazte una lista de ideas para capítulos, posts o lo que sea que necesites escribir.

  3. Ponte objetivos. Y haz que sean un poco ridículos. Si piensas en escribir tres mil palabras al día quizás acabes un poco frustrado el día que no lo consigas. Pero si tu objetivo son 500, llegarás a él todos los días, sin ningún problema. Ponte un calendario en la pared y tacha los días que has llegado al objetivo. Los recordatorios visuales funcionan genial y te animarán un montón a seguir adelante.

  4. Programa. No solo lo que vas a escribir, sino también cuándo vas a escribirlo y cuándo vas a descansar. Tómate en serio lo del tiempo de desconexión y lo del tiempo para pensar. Trabaja con tu cerebro y no contra él.

  5. Conócete. Aprende a entender cuándo tienes miedo y cuándo tienes pereza. No tiene nada de malo sentir una cosa u otra y cuando sabes diferenciarlas y reconocerlas, haces que pierdan poder. Solo te puedes enfrentar a esos dos chupópteros cuando te das cuenta de que están acabando con tus reservas de energía y de entusiasmo. No los dejes.

 

¿Te he convencido o no? ¿Ya te has pasado a mi bando y crees que los bloqueos no existen? ¿O estás totalmente en contra? Sea como sea, quiero saberlo.

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